viernes, 15 de abril de 2011

Ese loco juego de ecribir



Quería ser beisbolista. Sentir en la piel y dentro de un campo el suspenso-miedo-angustia-esperanza de lanzar un strike en el último inning del último juego de una Serie Mundial. Quería oír su nombre coreado por 50 mil o más fanáticos en el Yankee Stadium mientras él los saludaba con una gorra en la mano y una sonrisa de ¿vieron que podía?, después de haber humillado a Joe Dimaggio y Mickey Mantle, por ejemplo. O batear un home run con las bases llenas.

Sin embargo, se quedó en el asfalto, y desde allí inventó personajes desolados que querían acabar con el mundo, detectives por azar, asesinos por convicción, magos por necesidad, tramas que lo envolvían desde su humor, álter egos y niños fantásticos que aprendieron a volar. Desde allí y con un lápiz, siempre con un lápiz, creó un juego de mesa de béisbol para sobrevivir, una novela policíaca estructurada por innings, outs, bolas y strikes a la que tituló Squeeze Play, y un pitcher de los St. Louis Cardinals a quien intentó suicidar.
Pero él quería ser beisbolista. Amaba a los jugadores. Podía morir por ellos.
Una tarde de 1955 se encontró de frente con Willie Mays en el estadio de los Gigantes, que por aquellos tiempos eran de Nueva York. Paul Auster era apenas un niño de 8 años. Vio a Mays recostado contra una barda. Lo vio inmenso, negro, sobrepoderoso, un hombre que era mucho más que un hombre. Le pidió un autógrafo. Mays le preguntó si tenía un lápiz para firmarle.
Él buscó, pero no encontró entre sus ropas nada. Indagó con su padre, con los adultos que estaban por ahí. Nada. Nadie tenía ni lápiz ni pluma. Mays aguardó 20, 30 segundos. Un minuto. Miró a lo lejos. Observó al niño. Se encogió de hombros. Por fin, le dijo “Lo siento, niño”. “Si no tienes lápiz, no puedo darte un autógrafo”. Y entonces —escribiría con los años Auster— se fue caminando, fuera del campo, hacia la noche.
“Después de esa noche, comencé a cargar un lápiz conmigo a cualquier sitio que iba. Se convirtió en mi hábito nunca dejar la casa sin estar seguro de llevar mi lápiz en mi bolsillo (…). Si algo me han enseñado los años ha sido esto: si hay un lápiz en tu bolsillo, existe una buena posibilidad de que algún día te sientas tentado a usarlo. Como me gusta decirle a mis niños, así fue como me convertí en un escritor”.

Paul Auster

Espero algún dia ser al menos la mitad de escritor de lo que es Paul Auster, por eso aunque no cargo u lapiz en mi bolso, me siento abierto a escrbir de lo que me venga en mente
Esta entrada ya se encontraba en otro blog anterior del cual algun idiota me modifico la cuenta y se le olvidaron los datos así que mudare las cosas que estaban en el otro sitio.

La razón por la que hago esto ahora es diferente a la anterior en aquel momento tenia unos tragos encima y decidí iniciar, ahora me encuentro limpio y mas decidido a publicar y publicar con la ayuda de colaboradores y seguire tratando de entregar cosas de interes y si no al menos lo que nos parece interesante.

Una vez dicho esto doy paso a los siguientes temas

Gracias por leernos.

coco_drile

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